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Sunday, October 12, 2014

No es lo mismo votar en elecciones democráticas que comprar pan



Acá respondo la pregunta de Loreto Galindo, manifestada en su carta al ElMostrador, que dice:

¿Por qué podría ser más seguro realizar una transacción electrónica que expresar una preferencia en una elección a través computadores o centrales informáticas de votación?

La pregunta se hace en el contexto de las reformas necesarias para lograr que los chilenos puedan sufragar mientras se encuentran en el extranjero.

Partamos por el hecho de que la pregunta está cargada con una premisa que es cuestionable, ella asume que las transacciones comerciales electrónicas son seguras, libres de error e invulnerables a fraude, cuando en realidad no lo son. No hay que confundir, por un lado el hecho de que las transacciones electrónicas sean muy prácticas o que los bancos hagan lo posible por infundir una imagen de confianza y seguridad a sus clientes, con la realidad de que el fraude electrónico es un problema cotidiano con un costo que las empresas de seguridad estiman alrededor de 400000 Millones de Dolares al año (mcafee Center for Strategic and International StudiesJune 2014). El comercio electrónico es más barato de implementar y mantener, lo que compensa las perdidas por fraude, pero eso no implica que sea seguro.

Un aspecto fundamental que distingue el comercio electrónico del voto electrónico, es el carácter público del último Las consecuencias de un resultado electoral, no se limitan a la propiedad de un bien de consumo y un monto de dinero, sino que las votaciones tienen impacto global y merecen estándares de transparencia y seguridad más estrictos que los necesarios para comprar pan.

Otra característica fundamental de una transacción electrónica es que es de “suma cero”, o sea, lo que se saca de un lado es lo mismo que se pone en el otro. Esto hace viable mantener un registro histórico con una contaduría coherente. El sufragio electrónico es distinto! Decidir emitir un voto y las opciones preferidas no son susceptibles de contaduría ni de encuadre de caja. Entonces, a igual nivel de riesgo, la transacción comercial es fácil de rectificar, mientras que el voto es IMPOSIBLE de verificar y menos rectificar.

Más aun, un derecho adquirido de la ciudadanía es la capacidad de cualquier persona de asistir personalmente al conteo y recuento de votos, en otras palabras, la ley permite un auditoria popular. Este acto es imposible de realizar si el registro de votos esta contenido digitalmente. Registros digitales restringen la auditoria a peritos informáticos e imposibilita la participación ciudadana directa en este proceso.

Otra diferencia es la disponibilidad de opciones, las transacciones comerciales son delegables a un tercero, no así el voto. Así es que si una persona se siente intimidada por la tecnología, aun tiene las opciones de delegar una transacción, o hacerla en papel. La implementación de un voto electrónico por otro lado segregaría a las personas que se sienten más ajenas a la tecnología.

En conclusión, el hecho de que muchas transacciones comerciales se hagan hoy de manera cotidiana electrónicamente, no es un antecedente relevante para justificar la implementación del voto electrónico. Seria interesante que la gente de Haz tu voto volar entendiese que no es lo mismo comprar pan que elegir presidenta, y lo que funciona para uno no es necesariamente la mejor opción para lo otro.

Sunday, February 02, 2014

Voto electrónico solapado


Cuando la prensa discute sobre la iniciativa de voto simbólico para los chilenos en el extranjero, se resaltan sus virtudes integradoras, progresivas y democráticas. Sin ánimo de ofender o disminuir el esfuerzo y logros de los involucrados, el compromiso con la verdad obliga a discutir también su lado negativo, ausente del debate público: este bien podría ser solo un despliegue mediático para validar un mecanismo que es inseguro y es susceptible de fraude a gran escala. Veamos.

El 29 de enero la directora de “Voto Ciudadano” Rossana Dresdner publica en El Mostrador su carta “Chilenos en el exterior: ¿voto o integración?” donde declara el éxito rotundo en todos los objetivos de la iniciativa de votación presidencial simbólica “Todos somos chilenos” destinada a los chilenos en el extranjero. Dresdner reflexiona que el proceso no se remitió sólo al voto sino también hubo debate, propuestas y análisis en un proceso de participación democrática extraordinario, que sugiere nueva forma de hacer política más participativa. La implementación de las herramientas de sufragio electrónico, estarían ya aparentemente maduras, zanjadas y permitirían ahora trabajar en la participación e integración.

Definitivamente el primer objetivo de poner el tema del voto en el extranjero en la agenda ha sido exitoso, con un despliegue comunicacional extenso aunque lamentablemente carente de visión crítica. Sin poner en duda ni disminuir el esfuerzo y las buenas intenciones de la mayoría de los voluntarios y organizadores de esta iniciativa, considero necesario hacer pública una visión menos optimista del proceso. Identificar un problema es un paso necesario para su solución, y me parece evidente que hay por lo menos dos aspectos que requieren atención y debate.

Falibilidad

Con respecto al segundo objetivo del proyecto, “demostrar que era factible implementar un sistema de votación seguro, confiable y efectivo”, Dresdner sostiene que este “funcionó de manera impecable, garantizando el anonimato y el voto único y desde el exterior”. Lamentablemente una vez que entendemos como funcionó el sistema se puede ver que la realidad fue muy distinta. ¡Lo único que era necesario para votar a nombre de otra persona era hacer dos búsquedas en Google!

Los requisitos para poder votar en la plataforma web era que el servidor web reconociera la conexión como proveniente del extranjero, tener un número RUN y alguno de los códigos que aparecen en las cedulas de identidad o pasaportes de los ciudadanos Chilenos. El primer requisito, que el servidor crea que se está votando desde el extranjero, es vulnerable de manera trivial usando cualquiera de los servicios de proxy, VPN, o de navegación anónima disponible en internet (http://goo.gl/HdEVZo). De esta forma la plataforma no sabe cuál es la ubicación real del usuario. El segundo requisito, la combinación de numero RUN y el código “secreto” presente al la cedula o pasaporte, no es realmente información privada.

Es decir, cientos de instituciones civiles y del estado exigen fotocopia por ambos lados de la cedula de identidad como parte de su burocracia interna. Esto implica que cualquiera que tenga acceso a estas fotocopias tiene toda la información necesaria para emitir un voto en el sistema electronico. Por ejemplo, el Servicio de Evaluación Ambiental del gobierno de Chile, publica en su página web todos los estudios de evaluación ambiental incluido las fotocopias de las cedulas de identidad del representante legal de la institución acreditada. http://goo.gl/g9Tq92 . Por ende, la información contenida en la Cedula de Identidad difícilmente puede considerarse secreta.

Combinando estos dos simples hechos, que cualquier usuario puede buscar en Google un servicio VPN y fingir que esta votando desde fuera y para luego buscar hacer una segunda búsqueda para obtener los datos de una cedula de indentidad ajena. En consecuencia, el sistema no es seguro, ni confiable, aunque muy efectivo para quien desee hacer un fraude. Este error de diseño es el más obvio, pero no necesariamente el único. ¿Cuántos otros errores más obscuros o complejos permitían vulnerar el sistema de votación? ¿Cómo podríamos hacer una auditoria ciudadana de la votación?

Una característica fundamental del posible mal uso del sistema actual de votación con papeleta es que el alcance es limitado por el número de personas reclutadas para cometer el fraude. Por el contrario en un sistema de votación electrónico centralizado, un solo hacker o funcionario corrupto tiene la capacidad de alterar los resultados por completo. Este es solo uno de una larga lista de objeciones vinculadas con el voto electrónico, lo que me lleva a mi segunda crítica.

Gato electrónico por liebre
La votación presidencial simbólica “Todos somos chilenos” se usó para introducir solapadamente la agenda el voto electrónico, sin el necesario debate y análisis. SONDA – una de la empresas que se podría adjudicar las implementación del voto electrónico - ya se saborea las ganancias y declara que el mentado voto simbólico “es una simulación bastante cercana a la realidad a pesar de no tener garantizada la seguridad de la confidencialidad” http://goo.gl/EVGMTo. Hay muchos otros aspectos que hacen indeseable el voto electrónico. Además de las cientos de maneras en que el sistema puede fallar y ser susceptible de fraude - extensamente documentadas en la literatura académica y anecdotarios - un problema no menor es que el sistema es intrínsecamente discriminatorio para las personas que se sienten intimidadas por la tecnología. El simple proceso de recontar los votos a viva voz, a pesar de que es arcaico, permite una auditoria ciudadana de implementación simple que se vuelve imposible con el voto electrónico. En general, todo el proceso que en el sistema actual es transparente a la vista y entendimiento de quien le interese ver, en el sistema electrónico seria interno, un sistema cerrado, complejo, delegado al entendimiento y confianza de unas pocas personas. ¿Queremos confiar nuestro sistema democrático a la competencia de una empresa y un par de computines? ¿Queremos que las elecciones populares sean otro derecho ciudadano más privatizado en beneficio del lucro de unos pocos? Si es que existió el mencionado debate, propuestas, análisis y participación, no se notó. Los innumerables cuestionamientos al sistema del voto electrónico no han sido debidamente debatidos, se entregan como si fuese un tema zanjado. Presentado como un proceso integrador, para garantizar los derechos constitucionales de los Chilenos, en realidad es una propaganda para la validación publica de un sistema cuestionable. Me queda la impresión nos pasaron gato por liebre.

Garantizar el derecho a voto a todos los chilenos, incluidos quienes se encuentren en el extranjero temporal o permanentemente, es una deuda pendiente que se ha instalado en la discusión pública en parte gracias al aporte de la organización “Voto Ciudadano”, y debemos estar agradecidos por ello. Sin embargo tenemos que considerar que ni las herramientas electorales ofrecidas por la mentada iniciativa están maduras, ni son confiables ni anónimas, ni el supuesto debate ha tocado los puntos relevantes. Definitivamente no es aun el momento de cantar victoria con el tema del voto simbólico electrónico.