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Saturday, May 06, 2017

MmaSE Robot, a Mathematica implementation of Stack Exchange API

Work in progress.

Saturday, September 12, 2015

Independencia y nacionalismo en septiembre, la bandera es un calmante.

Personalmente considero que el nacionalismo es una cuestión despreciable, una distinción injusta entre el “nosotros” y el “ellos”,  donde al primer grupo se le perdona lo imperdonable y al segundo se le condena sin juicio y por las más mínimas diferencias idiosincráticas.

Por razones evolutivas, la mayoría de nosotros sentimos una inclinacion a pensar que nuestro grupo mas intimo es mejor que el resto. Una perspectiva menos visceral revela que esto no es real,  ni tu familia es mejor, ni tu barrio es mejor, ni tu equipo de fútbol, ni tu país. Son diferentes sí, se sienten mejores quizás, e incluso probablemente se puedan encontrar aspectos arbitrarios donde nuestra islita puntúe mejor que la otra, pero no son intrínsecamente mejores, ni de ninguna manera se podría justificar racionalmente ningun atisbo de soberbia ni desprecio por el otro.

Estas no son necesariamente palabras sacrílegas en el mes de la patria, pues si hay motivos para celebrar que no implican ser burdamente nacionalista. Si bien no tiene sentido celebrar la formidable suerte que tenemos de ser Chilenos, pues como ya dije, no somos mejores ni peores, es tremendamente relevante celebrar el haber hecho una transición desde un régimen monarquista, colonial, opresor y explotador  a un sistema republicano y a lo menos nominalmente democrático.

En septiembre podemos celebrar que somos distintos, que tenemos una diversidad que nos enriquece a nosotros y al mundo. Podemos celebrar uno de los muchos pasos históricos significativos en la construcción de un país que reconoce su derecho a la autodeterminación y rechaza la noción absurda de la monarquía. Podemos celebrar que no necesitamos el tutelaje de otros estados para definir nuestro futuro, ya que somos independientes. O mejor dicho, alguna vez imaginamos un ideal independiente e hicimos algunos de los cambios necesarios para facilitar algún nivel de independencia. Pero la independencia es un proceso, y la Primera Junta Nacional de Gobierno no fue suficiente, ni bastó con terminar con la tiranía de O’Higgins como Director Supremo, ni sirvió la expansión territorial en perjuicio de los grupos originarios ni tampoco culminó redactando nuevas constituciones.

La independencia inconclusa de Chile es multidimensional y ya no tiene la simpleza de hace 200 años donde bastaba rechazar la monarquía española. La independencia tiene que ver con afirmar que poseemos la madurez y la habilidad necesarias para autogobernarnos exitosamente sin tutelaje y en ese aspecto aún hay tarea por hacer.

Un gran retroceso  en nuestro proceso de independencia fue el golpe de estado de 1973, donde la traición de los militares y los grupos de derecha permitieron someter al país, no a sus propias decisiones, sino a los designios soberbios de los EEUU de imponer su ideología neoliberal-capitalista a la fuerza por el beneficio intereses económicos extranjeros.

Socavan también nuestra independencia las concesiones que Chile le da al Estado Vaticano que arrogantemente modula la acción legislativa, evade el poder judicial mientras recolecta fondos libres de impuestos. Tal como escribe Ramón Badillo Alarcón en su articulo “Te Deum, la ceremonia de la discordia” el simbolismo de las celebraciones de esta fecha llega a un nivel de subyugación patética en la ceremonia del Te Deum.

“El tema de fondo es cortar la subyugación política del Presidente de la República con el líder de la iglesia católica y para eso, terminar con el Te Deum es fundamental. La discusión que debemos tener no es [como] enfrentarnos con las iglesias, sino [como] ponerlas en su lugar. El Presidente de la República debe encabezar las ceremonias que conmemoren la Independencia y las iglesias deben ser solo invitadas a estas celebraciones, no las anfitrionas. Al César, lo que es del César.”


El proceso de independencia también tiene que ver con crear las circunstancias donde un pueblo educado pueda tomar las decisiones y estas logren ser implementadas. Mi Chile independiente imaginario incluye ciudadanos educados gratuitamente por el estado, con autosuficiencia energética y tecnológica,  inmune a la corrupción, un consumidor austero y consciente, un idealista dispuesto a construir.

Mis deseos para este mes de septiembre son de celebración por lo que tenemos, sin complacencia pero con conciencia de lo que nos falta por hacer. Mis aspiraciones son ver menos arengas nacionalistas y más disposición a ser un agente de cambio. Menos banderas pasivas y más idealismo activo. Quiero un Chile que no esté dominado por el egoísmo y derrotado por las circunstancias, sino uno independiente, asertivo constructor de su propio futuro.

Sunday, October 12, 2014

No es lo mismo votar en elecciones democráticas que comprar pan



Acá respondo la pregunta de Loreto Galindo, manifestada en su carta al ElMostrador, que dice:

¿Por qué podría ser más seguro realizar una transacción electrónica que expresar una preferencia en una elección a través computadores o centrales informáticas de votación?

La pregunta se hace en el contexto de las reformas necesarias para lograr que los chilenos puedan sufragar mientras se encuentran en el extranjero.

Partamos por el hecho de que la pregunta está cargada con una premisa que es cuestionable, ella asume que las transacciones comerciales electrónicas son seguras, libres de error e invulnerables a fraude, cuando en realidad no lo son. No hay que confundir, por un lado el hecho de que las transacciones electrónicas sean muy prácticas o que los bancos hagan lo posible por infundir una imagen de confianza y seguridad a sus clientes, con la realidad de que el fraude electrónico es un problema cotidiano con un costo que las empresas de seguridad estiman alrededor de 400000 Millones de Dolares al año (mcafee Center for Strategic and International StudiesJune 2014). El comercio electrónico es más barato de implementar y mantener, lo que compensa las perdidas por fraude, pero eso no implica que sea seguro.

Un aspecto fundamental que distingue el comercio electrónico del voto electrónico, es el carácter público del último Las consecuencias de un resultado electoral, no se limitan a la propiedad de un bien de consumo y un monto de dinero, sino que las votaciones tienen impacto global y merecen estándares de transparencia y seguridad más estrictos que los necesarios para comprar pan.

Otra característica fundamental de una transacción electrónica es que es de “suma cero”, o sea, lo que se saca de un lado es lo mismo que se pone en el otro. Esto hace viable mantener un registro histórico con una contaduría coherente. El sufragio electrónico es distinto! Decidir emitir un voto y las opciones preferidas no son susceptibles de contaduría ni de encuadre de caja. Entonces, a igual nivel de riesgo, la transacción comercial es fácil de rectificar, mientras que el voto es IMPOSIBLE de verificar y menos rectificar.

Más aun, un derecho adquirido de la ciudadanía es la capacidad de cualquier persona de asistir personalmente al conteo y recuento de votos, en otras palabras, la ley permite un auditoria popular. Este acto es imposible de realizar si el registro de votos esta contenido digitalmente. Registros digitales restringen la auditoria a peritos informáticos e imposibilita la participación ciudadana directa en este proceso.

Otra diferencia es la disponibilidad de opciones, las transacciones comerciales son delegables a un tercero, no así el voto. Así es que si una persona se siente intimidada por la tecnología, aun tiene las opciones de delegar una transacción, o hacerla en papel. La implementación de un voto electrónico por otro lado segregaría a las personas que se sienten más ajenas a la tecnología.

En conclusión, el hecho de que muchas transacciones comerciales se hagan hoy de manera cotidiana electrónicamente, no es un antecedente relevante para justificar la implementación del voto electrónico. Seria interesante que la gente de Haz tu voto volar entendiese que no es lo mismo comprar pan que elegir presidenta, y lo que funciona para uno no es necesariamente la mejor opción para lo otro.

Sunday, February 02, 2014

Voto electrónico solapado


Cuando la prensa discute sobre la iniciativa de voto simbólico para los chilenos en el extranjero, se resaltan sus virtudes integradoras, progresivas y democráticas. Sin ánimo de ofender o disminuir el esfuerzo y logros de los involucrados, el compromiso con la verdad obliga a discutir también su lado negativo, ausente del debate público: este bien podría ser solo un despliegue mediático para validar un mecanismo que es inseguro y es susceptible de fraude a gran escala. Veamos.

El 29 de enero la directora de “Voto Ciudadano” Rossana Dresdner publica en El Mostrador su carta “Chilenos en el exterior: ¿voto o integración?” donde declara el éxito rotundo en todos los objetivos de la iniciativa de votación presidencial simbólica “Todos somos chilenos” destinada a los chilenos en el extranjero. Dresdner reflexiona que el proceso no se remitió sólo al voto sino también hubo debate, propuestas y análisis en un proceso de participación democrática extraordinario, que sugiere nueva forma de hacer política más participativa. La implementación de las herramientas de sufragio electrónico, estarían ya aparentemente maduras, zanjadas y permitirían ahora trabajar en la participación e integración.

Definitivamente el primer objetivo de poner el tema del voto en el extranjero en la agenda ha sido exitoso, con un despliegue comunicacional extenso aunque lamentablemente carente de visión crítica. Sin poner en duda ni disminuir el esfuerzo y las buenas intenciones de la mayoría de los voluntarios y organizadores de esta iniciativa, considero necesario hacer pública una visión menos optimista del proceso. Identificar un problema es un paso necesario para su solución, y me parece evidente que hay por lo menos dos aspectos que requieren atención y debate.

Falibilidad

Con respecto al segundo objetivo del proyecto, “demostrar que era factible implementar un sistema de votación seguro, confiable y efectivo”, Dresdner sostiene que este “funcionó de manera impecable, garantizando el anonimato y el voto único y desde el exterior”. Lamentablemente una vez que entendemos como funcionó el sistema se puede ver que la realidad fue muy distinta. ¡Lo único que era necesario para votar a nombre de otra persona era hacer dos búsquedas en Google!

Los requisitos para poder votar en la plataforma web era que el servidor web reconociera la conexión como proveniente del extranjero, tener un número RUN y alguno de los códigos que aparecen en las cedulas de identidad o pasaportes de los ciudadanos Chilenos. El primer requisito, que el servidor crea que se está votando desde el extranjero, es vulnerable de manera trivial usando cualquiera de los servicios de proxy, VPN, o de navegación anónima disponible en internet (http://goo.gl/HdEVZo). De esta forma la plataforma no sabe cuál es la ubicación real del usuario. El segundo requisito, la combinación de numero RUN y el código “secreto” presente al la cedula o pasaporte, no es realmente información privada.

Es decir, cientos de instituciones civiles y del estado exigen fotocopia por ambos lados de la cedula de identidad como parte de su burocracia interna. Esto implica que cualquiera que tenga acceso a estas fotocopias tiene toda la información necesaria para emitir un voto en el sistema electronico. Por ejemplo, el Servicio de Evaluación Ambiental del gobierno de Chile, publica en su página web todos los estudios de evaluación ambiental incluido las fotocopias de las cedulas de identidad del representante legal de la institución acreditada. http://goo.gl/g9Tq92 . Por ende, la información contenida en la Cedula de Identidad difícilmente puede considerarse secreta.

Combinando estos dos simples hechos, que cualquier usuario puede buscar en Google un servicio VPN y fingir que esta votando desde fuera y para luego buscar hacer una segunda búsqueda para obtener los datos de una cedula de indentidad ajena. En consecuencia, el sistema no es seguro, ni confiable, aunque muy efectivo para quien desee hacer un fraude. Este error de diseño es el más obvio, pero no necesariamente el único. ¿Cuántos otros errores más obscuros o complejos permitían vulnerar el sistema de votación? ¿Cómo podríamos hacer una auditoria ciudadana de la votación?

Una característica fundamental del posible mal uso del sistema actual de votación con papeleta es que el alcance es limitado por el número de personas reclutadas para cometer el fraude. Por el contrario en un sistema de votación electrónico centralizado, un solo hacker o funcionario corrupto tiene la capacidad de alterar los resultados por completo. Este es solo uno de una larga lista de objeciones vinculadas con el voto electrónico, lo que me lleva a mi segunda crítica.

Gato electrónico por liebre
La votación presidencial simbólica “Todos somos chilenos” se usó para introducir solapadamente la agenda el voto electrónico, sin el necesario debate y análisis. SONDA – una de la empresas que se podría adjudicar las implementación del voto electrónico - ya se saborea las ganancias y declara que el mentado voto simbólico “es una simulación bastante cercana a la realidad a pesar de no tener garantizada la seguridad de la confidencialidad” http://goo.gl/EVGMTo. Hay muchos otros aspectos que hacen indeseable el voto electrónico. Además de las cientos de maneras en que el sistema puede fallar y ser susceptible de fraude - extensamente documentadas en la literatura académica y anecdotarios - un problema no menor es que el sistema es intrínsecamente discriminatorio para las personas que se sienten intimidadas por la tecnología. El simple proceso de recontar los votos a viva voz, a pesar de que es arcaico, permite una auditoria ciudadana de implementación simple que se vuelve imposible con el voto electrónico. En general, todo el proceso que en el sistema actual es transparente a la vista y entendimiento de quien le interese ver, en el sistema electrónico seria interno, un sistema cerrado, complejo, delegado al entendimiento y confianza de unas pocas personas. ¿Queremos confiar nuestro sistema democrático a la competencia de una empresa y un par de computines? ¿Queremos que las elecciones populares sean otro derecho ciudadano más privatizado en beneficio del lucro de unos pocos? Si es que existió el mencionado debate, propuestas, análisis y participación, no se notó. Los innumerables cuestionamientos al sistema del voto electrónico no han sido debidamente debatidos, se entregan como si fuese un tema zanjado. Presentado como un proceso integrador, para garantizar los derechos constitucionales de los Chilenos, en realidad es una propaganda para la validación publica de un sistema cuestionable. Me queda la impresión nos pasaron gato por liebre.

Garantizar el derecho a voto a todos los chilenos, incluidos quienes se encuentren en el extranjero temporal o permanentemente, es una deuda pendiente que se ha instalado en la discusión pública en parte gracias al aporte de la organización “Voto Ciudadano”, y debemos estar agradecidos por ello. Sin embargo tenemos que considerar que ni las herramientas electorales ofrecidas por la mentada iniciativa están maduras, ni son confiables ni anónimas, ni el supuesto debate ha tocado los puntos relevantes. Definitivamente no es aun el momento de cantar victoria con el tema del voto simbólico electrónico.

Sunday, November 17, 2013

Elecciones de juguete, otra humillación.

Hoy me hubiese gustado ir a votar, aunque implicase ser vocal de mesa o hacer una cola larga, a pesar del frío o calor, a pesar de tener otras cosas que hacer. Pero hoy yo no voto, y no porque no quiera, sino por que no puedo. Soy Chileno pero hoy estoy en el extranjero y me avergüenza admitir que mi país no garantiza mi derecho a votar. ¿Estas seguro de que no puedes votar? me preguntan el resto de los ciudadanos del mundo, incrédulos y juzgando implícitamente que es mas probable de que yo este mal-informado a que un país cometa tamaña barbaridad.

Algunos sugieren que participe en la elección simbólica con voto electrónico del que hablan los medios de comunicación que no saben de que hablar. Tamaña sugerencia la considero insolente, humillante y deprimente. Yo no estoy dispuesto a prestar el voto, mi derecho a voto, para el circo publicitario que organiza una de las empresas que esta metiendo sus cuñas para venderle sus "servicios" a nuestro país. Yo no quiero que el proceso democrático, que costo sangre sudor y lagrimas recuperar, se mercantilice como tantos otros derechos en Chile. Dejando de lado por el momento los indiscutidos problemas técnicos y los problemas fundamentales del voto electrónico, lo central es que yo no quiero participar en una pantomima de voto.

¿Que diríamos si lo mismo se hiciera con otros derechos?  ¿Que diríamos si Microsoft te prestara por 5 minutos un computador portátil para hacer como si estuvieses en clases recibiendo una educación de calidad, pero en realidad no fuese mas que una propaganda?  ¿que diríamos de Bayer repartiese pastillas de menta, para que juguemos como idiotas, imaginando que son remedios, soñando como seria si en Chile la salud fuese gratuita y de calidad?

¿A que mas quieren que juguemos? Probablemente quieren que juguemos con una seguridad simbólica, con una justicia simbólica, una igualdad simbólica. Ya me duele profundamente como en la realidad el estado chileno decide no garantizar los derechos de sus ciudadanos y permita que estos se transformen en negocios para unos pocos y un insulto para el resto, para la mayoría. ¿Quieren que ademas de tolerar el desmantelamiento del estado disfrute jugando a ser cómplice del próximo gran deterioro? Yo no voy a prestar el voto para que juguemos a perder otro poco mas del ultimo resto de dignidad que le queda a mi país. Un voto simbólico, como cualquier derecho, si es solo simbólico, es una burla de mal gusto. Yo no voto simbólicamente, o voto de verdad y sin condiciones o nada.

Thursday, September 12, 2013

Pobreza del debate y los argumentos a medias, con publicidad.

Indudablemente los 40 años desde el último golpe de estado en Chile fueron una ocasión que llamó a reflexionar sobre el pasado, que es el único cimiento sobre el que podemos construir nuestro país. Reconstruir ambos, el ideal imaginario de nuestro país por un lado y también reconstruir el país en la práctica, considerando las limitaciones impuestas por las condiciones actuales sobre las cuales tenemos que empezar a trabajar. En un ejercicio imprescindible, muchas personas hicieron, una vez más su propia revisión histórica y pasional sobre nuestro 11 de Septiembre, el de 1973. Igualmente necesario a mi juicio, es entender las herramientas que usaremos para entender, debatir y construir nuestros próximos 40 años de civilidad.

La legitimidad de nuestros instituciones públicas esta en cuestionamiento. El hecho es que los grandes jugadores como la Concertación y la Alianza, así como el congreso y el gobierno tienen niveles de confianza y aprobación paupérrimos, todos por debajo del 33%. El debate público actual es de una pobreza intelectual desmoralizante.

El futuro de Chile, si es que no hacemos nada al respecto, viene hecho a la medida de unos pocos y en perjuicio de la mayoría. Sea para darle mantenimiento al status quo, reinventarlo desde cero o hacer algo entremedio, si es que vamos a hacerlo de manera coherente es necesario entender lo que tenemos y ponernos de acuerdo en nuestras opciones y acciones para el futuro. Sin olvidarnos de nuestras diferencias, urge encontrar un lugar común a todos los actores, un grupo de herramientas para entender y avanzar. Un aspecto que no se puede dejar de lado es nuestra racionalidad y nuestra capacidad para discutir abiertamente.

De alguna manera perdimos la capacidad de imaginar, discutir y de mostrar el desacuerdo de manera constructiva. Para llevar a cabo de manera digna la conversación necesaria para construir el proximo capitulo de Chile, tenemos que re-descubrir las características básicas del debate y entendamos la diferencia entre un berrinche, una propaganda y un argumento. Crucialmente, entendamos la diferencia entre un buen argumento y un argumento a medias.

Argumentar exitosamente es difícil y requiere hacer un esfuerzo. No es un esfuerzo de las entrañas, cómo podría creer al leer algunas columnas de opinión, pero del intelecto. Una de las tareas más difícil es separar nuestra idea de realidad en dos partes que juegan distintos roles en el debate Por un lado la porción de nuestra visión que estimamos susceptible de ser compartida por nuestro interlocutor, y por el otro lado, nuestras perspectivas y gustos personales.

Nuestras opiniones pueden tener distintos grados de subjetividad e incertidumbre. En un extremo, sobre gustos personales (¿cual es el color más bonito?) no tiene sentido argumentar pues son completamente subjetivos y todos tienen derecho a su opinión antojadiza. En el otro extremo están opiniones legales o científicas, para las que hay un marco estricto y tan objetivo como es posible, y solo una opinión experta y acotada tiene sentido. Entremedio de estos dos límites viven nuestras opiniones sobre política y sociedad, algunas más válidas que otras, dependiendo de su coherencia, nivel de objetividad y otras cualidades.

En un debate público no hay lugar para gustos personales ni verdades científicas. No tiene sentido someter a debate ni plebiscito el valor de 1+1 o el color mas bello. En el debate público no corresponde sostener un juicio sobre la realidad que no requiere argumentación. Si bien usted podrá tener derecho a manifestar su gusto por un sistema que beneficie al individuo sobre el colectivo (o al revés), en la esfera pública usted no puede asumir que un sistema (individualista o no) es objetivamente mejor sin entregar un fundamento coherente. No tiene sentido tomar seriamente argumentos a medias, u opiniones personales disfrazadas de argumentos, y por ende no corresponde otorgar tribuna a berrinches mal articulados.

Por ejemplo, cuando el o la economista de turno advierte que de subir el sueldo minimo aumentara el desempleo, sus palabras no explican nada pues no dicen cuánto subirá el desempleo, ni en qué rangos es aceptable intercambiar un mejor sueldo por más desempleo. Si la tendencia es cierta, queremos ver la evidencia que lo demuestra, pero aun así el argumento es un argumento a medias pues no informa sobre cual es el balance ideal entre empleo y sueldos. ¿Queremos realmente generar más empleos si estos empleos condenan a los trabajadores a una vida de miseria?

Otro ejemplo, Doña Teresa Marinovic ”argumenta”, a medias, que la desigualdad es deseable pues es consecuencia de las diferencias en esfuerzo y talento, y porque la caridad por parte del estado es mala. Pero sus argumentos, de hecho, no explican nada. Marinovic construye su argumento ignorando el nivel abismante de desigualdad y trata de forzar una dicotomía al argumentar que o somos todos iguales en la pobreza o tenemos que tolerar unos niveles de desigualdad morbosos. La premisa es que la gente más capacitada, que ha invertido su tiempo en educación, o que hace mas esfuerzo merecen ganar mas que los que los demás. Asumiendo la premisa como verdadera (aunque es discutible), esta no nos informa cuánto más debe ganar los unos por sobre los otros. ¿Hay alguien dispuesto a sostener que hay gente que se esfuerza 30, 50, 100 veces más que los demás? ¿Sera que sus 5 o 10 años invertidos en estudios justifican que gane en un año lo que un obrero gana en toda su vida?

Su argumento se derrumba fácilmente y es explicable por el hecho de que Marinovic asume su personaje de conservadora a ultranza para llenar el nicho “intelectual” de lectores Opus Dei. Como muchos otros, ella lo hace por motivos de mercadeo, sabiendo que su opinión no es un argumento, solo una propaganda para la cual hay un consumidor. Sus columnas cumplen el mismo rol que una paleta publicitaria, no explica por qué o cómo un producto es mejor que el otro, solo posiciona la imagen.

Ejemplos hay cientos, pasando por la teoría del empate en que un mal justifica otro, o los berrinches de apoyo incondicional al carácter del pedófilo de turno. Ya hemos tenido suficiente de iluminaciones divinas. Es tiempo de madurar el nivel de la discusión, manejar la evidencia, aprender de la dialéctica e incorporar los rudimentos del pensamiento crítico en el análisis cotidiano. Es necesario aprender a identificar las ilusiones presentes en el discurso publico, esas prestidigitaciones que aparentan ser un argumento, pero que se disuelven en el aire al tocarlas.

Una mejor condición de debate es necesaria, pero lamentablemente no es suficiente. El conservadurismo contra el que hay que luchar, por definición, es la oposición al cambio. Ser conservador implica la decisión de ignorar el avance en el entendimiento y las consecuencias de la nueva evidencia. El pensamiento mágico, común en los conservadores, le hace pensar que su moral es absoluta. Sus ideas obsoletas del libre albedrío los llevan al absurdos como por ejemplo pensar que pobres y los criminales lo son por opción. Su lógica revanchista de un ojo por ojo, en una ley de la selva para los extraños y ultra-proteccionismo con los propios no permite construir comunidad amplia, solo una excluyente a costa del grupo excluido para el provecho propio.

Sin embargo, por muy absurda que nos parezca la ideología conservadora, el debate no se puede ganar ridiculizando al oponente, sino entendiendo su punto de vista para luego hacer evidente la falsedad de sus premisas o la falla en la lógica. Es labor de todos desnudar por completo los argumentos de mala calidad que justifican el estado actual de las cosas, denunciar la propaganda y aborrecer los berrinches. Es nuestro rol exigir un debate de calidad, exigir evidencia y coherencia.

Monday, September 10, 2012

¿A quien representa el congreso de Chile?



Cada vez que se hace pública una encuestas de opinión en Chile, el foco de atención se centra en los cambios en el nivel de aprobación del presidente, ministros y presidenciables, cada uno afectado por las circunstancias de las últimas semanas, su visibilidad en los medios y otros factores. Resulta muy interesante y de gran relevancia ver como el manejo de los medios ha afectado mes a mes la opinión pública sobre cada personajes político en particular. Interesante, pero a mi juicio no lo más sorprendente si lo comparamos con la tendencia a largo plazo de la opinión pública sobre el funcionamiento de nuestro sistema politico. En las dos últimas páginas de la encuesta Adimark de Agosto 2012 uno puede ver la tendencia más fuerte e inequívoca de todas, el deterioro de la percepción de la labor del congreso. Las preguntas son:

  • “Independiente de su posición política, ¿Usted aprueba o desaprueba cómo la Cámara de Diputados están desarrollando su labor?”
  • “Independiente de su posición política, ¿Usted aprueba o desaprueba cómo el Senado está desarrollando su labor?”


Desde el año 2010 ambas preguntas tienen la misma tendencia (con una correlación 0.989) así es que resulta sensato analizar la desaprobación del congreso como un todo, promediando los resultados de las preguntas sobre el Senado y la Cámara de Diputados. Como se puede ver claramente en el gráfico, por sobre las variaciones mensuales debido a la contingencia político-mediática, en promedio la desaprobación ha aumentado sistemáticamente con una taza de mas de un punto por mes. Cuando a mediados de 2010 sólo un 40% de la población desaprobaba la acción del congreso a mediados de 2012 más del 70% desaprueba.  La desaprobación hoy es de 77% y si la tendencia sigue inalterada, el año 2013 terminará con un congreso rechazado por más de un 90% de los ciudadanos que supuestamente representa.
Cabe preguntarse: ¿Cuál es la legitimidad de una ley promulgada por un ente con un rechazo prácticamente universal?


El gráfico muestra un crecimiento lineal de la desaprobación creciendo de un 40% a mediados de 2010 a un 75% a mediados de 2012
El nivel de desaprobación del congreso crece de manera lineal 1.2 puntos porcentuales por mes. En la actualidad supera el 77% y si esta tendencia no cambia, en un año mas la desaprobación sera prácticamente universal.